COLECTIVO BOLIVIANO CANADIENSE


Palo y zanahoria, autoridad y diálogo

Posted in Política par colectivoboliviano sur 11 octobre, 2008
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Por Xavier Albó (*)   
 
Las últimas semanas han venido marcadas por dos tipos de eventos: los diálogos y las detenciones, ambos necesarios y, por tanto, dialécticamente complementarios.

Para interpretarlo partiré de la conocida imagen del campesino que monta un burro terco que no quiere caminar. Al fin lo gobierna con la zanahoria colgada de una caña, por delante, y el palo por la popa. El burro ve y huele la zanahoria y camina hacia ella. Y si no lo hace, ¡palo!

El politólogo Gramsci, que tanto reflexionó y nos sigue enseñando con sus célebres cuadernos desde la cárcel (donde, como Gandhi, Mandela y tantas personalidades, pasó muchos años) lo decía de manera más sofisticada: a los países se los gobierna con dos brazos o “aparatos”: el ideológico y el represivo. El escudo chileno lo expresa también con su lema “por la razón o la fuerza”. Evo lo insinúa al decir “por las buenas o las malas”…

Todas estas expresiones pueden también tomarse bien o mal. Veamos si logramos aclararnos algo en ello.

Por la primera vía —la zanahoria, brazo o aparato ideológico— se deben buscar, encontrar y consolidar valores, visiones y desafíos comunes. Nuestro sueño y tarea sigue siendo que esta línea sea la que al final más se vaya consolidando.

Ahí entra ante todo el diálogo franco y constructivo por el que tanto hemos clamado todos. Y éste debe ser también el espíritu de las consultas al Soberano, sean elecciones o referendos, siempre que no degeneren en burdas manipulaciones.

Para lograrlo no resulta muy afortunado caracterizarlo sólo como una engañosa zanahoria ni tampoco sólo como un “aparato” ni como sólo algo “ideológico”, porque podría interpretarse como indoctrinación. Caeríamos en lo que hacen las dictaduras que, pese a que llegaron y se mantienen en el poder por la vía represiva, saben que la fuerza desnuda no basta y montan también sus propios aparatos ideológicos, con grandes espectáculos distractivos, medios de comunicación y sistemas educativos monopólicos y bien controlados.

Tampoco me basta que, en el mejor de los casos, el diálogo se mueva sólo en el orden de las ideas y la razón. Este ámbito es fundamental pero no el único. Debe entrar también el ámbito del corazón, la solidaridad con todos y en particular con los más desposeídos, el amor por un país compartido que no queremos dejar que se desangre y muera. De la cabeza y el corazón brota también el respeto por el otro distinto, la capacidad no sólo de oírlo sino también escucharlo y saberse meter en su pellejo para, desde allí, buscar y magnificar lo común en la visión y sobre todo en las tareas prioritarias.

El otro brazo —el palo, brazo o aparato represivo— no es una alternativa sino sólo un complemento del primero. Cuando se impone sin más tenemos dictaduras. Pero este brazo es tan importante dentro de la estructura de todo Estado que algunos lo llegan a caracterizar como aquella institución omnipresente a la que, por algún un pacto social primigenio, se le ha transferido el monopolio de la violencia.

La Constitución y las leyes deberían surgir del diálogo y el pacto social (lo que no siempre es verdad). Y los aparatos represivos, como el Ejército y la Policía, deberían se utilizados sólo para que esas leyes previamente concertadas se cumplan.

Entra aquí el principio de autoridad. ¿Recuerdan cuando desde Santa Cruz lo que reclamaban a Carlos Mesa, tan abierto al diálogo, era que gobernara y utilizara la autoridad legal con la que estaba investido? Y ahora que Evo y el Gobierno se han visto obligados a utilizarla ante los evidentes desmanes que se habían salido de madre en el Cuarto Menguante, algunos se rasgan las vestiduras pero muchos decimos ¡por fin!

Obviamente hay que evitar caer en el abuso de autoridad, un riesgo también real. Pero recordemos a la vez que la alta política es el arte de lo posible en contextos concretos, por lo que tampoco hay que caer en chicanerías de leguleyo que juegan con la letra para escabullir el espíritu de la ley y la justicia.

Este domingo tendremos una buena oportunidad para ver si al final se impone el diálogo constructivo en el que ya tanto hemos avanzado. Por suerte nos acompañan facilitadores y veedores de alto vuelo, locales e internacionales, que, al no estar directamente involucrados, pueden ayudarnos a avanzar juntos con la cabeza fría y el corazón solidario.

*Xavier Albó es antropólogo lingüista y jesuita.

BOLETÍN VIRTUAL DEL CIPCA. Miércoles, 08 de octubre de 2008

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