COLECTIVO BOLIVIANO CANADIENSE


Después del jardín y el pavimento, el Sí sería rotundo y sería historia

Posted in OPINION par colectivoboliviano sur 27 janvier, 2009

Por J.L. Pereira O.

Confieso que hubiese preferido dormir y desperezarme hacia la diez de la mañana, pero como la suerte me acompaña por estos días, otra vez dejé el domingo atrás: tanto repito que me duele la soledad de los fines de semana, que la diosa fortuna se apiadó y terminé siendo testigo directo de la historia de este país.  La caminata matinal me abrió los poros y la nostalgias, recordando los mitines universitarios del único año que estudié en la San Andrés, donde parecía que todo lo que iba a suceder ese día  parecía una utopía.

Llegué tarde, todas las mesas casi estaban compuestas, menos la mía que parecía un desamparo, solo una mujer de nombre Rosa María que era pura sonrisas y bromista se negaba a asumir la presidencia de la mesa, al final la convencí de su rol en la historia.  Luego llegaron los otros dos, un gordito bastante aburguesado tipo USAID y que tenía un NO rotundo en los anteojos y una niña todavía teenager de nombre invariable Patricia que decía que se iba a estudiar a los States como máxima ambición: NO fijo. 

Las horas fueron largas y yo contribuí a  que aquello fuera peor al organizar los tiempos y los movimientos del flujo de personas y de información, todavía actuando del ingeniero industrial que alguna vez fui.  Así que cuan cronista social aburrido me dedique a veces a pensar y en otras a comunicar a mis colegas para que rían un poco, así fui haciendo parejas, descubriendo rasgos comunes, familias disfuncionales, matizando viejas copetudas, cholitas con cabeza de cebolla, etc.

El desfile en mi mesa y las otras cinco fue realmente variopinto, la zona Sur es un festejo de la pretensión de querer ser y no ser, de aparentar sobre todas las cosas y no obstante su promulgada vocación católica, afirmar que para ellos el dinero es el único dios verdadero.  Desfilaron: varios señores entre los 30 y los 50 con panza prominente y poleras Polo, Ralph Laurent o Lacoste, seguramente del ropero americano (pero eso es un secreto no se lo digan a nadie); varios ancianos y ancianas que apenas caminaban a los que seguramente sus hijos e hijas los sacaron del retiro para que hagan un NO adicional en la familia; una colección de perros mascotas impresionante, todos obviamente de razas conocidas, pues los chapis seguramente se encontraban cuidando las casas; niñ@s lind@s y sonrientes que todavía denotaban inocencia y que seguramente vivirán en un país muy diferente; una ex miss La Paz venida a menos, donde solo quedaba rasgos de su belleza en su nariz respingada, el resto era pura abundancia; una falsa rubia con un trasero de silicona en el cual se dibujaba la palabra NO (estuve a punto de impugnarla); una media docena de mujeres con uñas postizas que se negaban a sumergir el dedo en la tinta indeleble, que a propósito no era tal; una cantante de cumbia de los años setenta-ochenta que me saludo alegremente susurrando violencia, maldita violencia, porqué no permites que reine la paz, que reine el amor.

Luego de ocho largas horas donde mucha gente conocida asomó y todos sin excepción se rieron de mi calidad de jurado eterno, mientras se apuraban para su rico almuerzo, teniendo otros el descaro de llegar tarde, todavía con el resto de la sajta entre los dientes.  Para matizar el desorden de mi día, fui rápidamente analizado por una amiga psicóloga de nombre invariable Patricia, mientras trataba de apurar un sándwich que me hice sin ningún cariño ni ánimo, pues el único pan disponible era un bagel  el cual por convicciones humanas y en protesta por la masacre de Gaza no debería ser consumido.

Y la final de día, a hacer el recuento, me tocó leer las papeletas mostrarlas a los delegados y jurados: doscientas veinte dos veces tuve que anunciar, de estas, ciento ochenta y un vez tuve que decir NO, con dolor e impotencia, pensando en la cara que pondría mi amiga abogada, la bonita del barrio, si me viera en este rol de relator torturado, pero sonriendo para adentro, pues sabía que a cuatro calles de la esquina, cuando se acabe el jardín y el pavimento, el SI sería rotundo y sería historia.

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