COLECTIVO BOLIVIANO CANADIENSE


Tu huella sin voto

Posted in Política,Pueblos indígenas,Racismo par colectivoboliviano sur 28 novembre, 2009

Andrés Gómez Vela *

A finales del 70, un grupo de policías llegó a mi pueblo, Pocoata (Norte de Potosí). El comandante, vientre abultado, cetrino y ojos pitañosos, infló el estómago y preguntó a los curiosos y curiosas que nos pusimos delante del vehículo policial: « ¿quiénes no tienen carné en este pueblo? » No esperó respuesta y completó: « vayan e informen a sus vecinos, vecinas, madres, padres, hermanos, a todos; la Policía Bolivia les entregará carnés », exclamó. « Tukuyman, tukuyman willaychis (avisen a todos) », remató en quechua. Miradas y sonrisas cómplices y nos convertimos en ocasionales pregoneros.

 

Era domingo, día de feria en el pueblo, y se acercó una mujer de aproximadamente 30 años, acompañado de su hijo. Ajsu (vestido de mujer quechua) hecha jirones, rebozo (manta) verde con flores descoloridas y abarcas de goma que en cada pisada dejaban las huellas de una transnacional: good year. « ¿Ima sutiyqui? (qué te llamas) », preguntó el mismo policía que nos convirtió en pregoneros un día antes. « Exaltación Jachatakjo », respondió lacónicamente. « Imawuan ima (qué más) », insistió. « Chaylla (eso nomás es mi nombre) ». ¿Cuándo naciste? « Mi mamá dice que nací cuando estaban floreciendo los duraznos y rebrotaban los sauces ». ¿Cuándo es eso? « Cuándo empieza la siembra » ¿Qué año? Silencio. Los dos policías se miraron: « Estas pobres indias no saben ni cuándo han nacido, carajo », comentaron. « Es joven nomás debe tener entre 30 y 35 años », dijo uno de ellos. « Anótale como Exaltación Jachatakjo Jachatakjo ». ¿Y su fecha de nacimiento? « Ponle al cálculo, debe ser septiembre de 1940, que sea 15 de septiembre de 1940 ». Exaltación Jachatakjo quedó bautizada y le entregaron su carné de identidad. No sé qué será de su vida, pero 30 años después, ella seguirá excluida de las decisiones del país, de la elección de su futuro, está vez con el rótulo de « observada ».

Uno tras otro pasaron los « invisibles » y las « invisibles » de la vida en busca de una identidad. ¿Nombre? « Gabino ». ¿Apellido? Ankjayo. ¿Gabino Ankjayo? Sí. ¿Fecha de nacimiento? Otra vez silencio. ¿Cuándo naciste? El aludido mira a su madre que estaba a su lado en espera de auxilio (A Gabino, jamás le cantaron un happy birthday, ni le invitaron una torta, ni le felicitaron, ni le abrazaron ni le regalaron un vino). « Mi hijo ha nacido cerca de Carnavales, ese año ha llovido mucho ». « Carajo, encima el carnaval es fecha movible, cuándo putas habrá nacido este chango ». « Ponle en febrero, 20 ó 22, debe tener 15 años o algo más ». 30 años después el Organismo Electoral Plurinacional sigue ignorando a Gabino, y los políticos de derecha lo siguen considerando como a un « bárbaro » (extranjero sin derechos en Grecia). Como él hay más de 400 mil, privados del derecho básico de la democracia: el voto. Marginado del voto automáticamente será excluido de la posibilidad de elegir a la persona o al grupo de personas que administrarán su futuro.

Pasado el meridiano de los años 80. Me fui al cuartel con mi amigo Eduardo Solano. Nos presentamos en Sucre, en el Tejar. Como faltaban soldados, fuimos reclutando en el camino. Cayeron varios indígenas, entre ellos, un Jalkja, Andrés, quien vestía calzona (pantalón) hasta media nalga y camisa larga que cubría la parte que debía hacerlo la calzona. Muy parecido a la pinta de los hiphopheros de hoy. Mirada apacible y voz de trueno. Todo blanco, incluso su sombrero casi diminuto. Inmediatamente lo apodamos: « soldado mejicano ». Fila india para registrarse en Abapó Izozog, Regimiento Marzana, 7 de infantería, pleno Chaco, 40 grados bajo sombra. Le llegó el turno a Ramón. No cargaba consigo su certificado de nacimiento, menos una libreta escolar. ¿Cuándo naciste? Preguntó el entonces subteniente Guido Flores Bellido. « El día de San Andrés ». Recordaba muy bien ese detalle el « soldado mejicano » porque su padre le había contado que el cura del pueblo de Antora (Potosí) le había bautizado con ese nombre tras fijarse el calendario. En su comunidad le llamaban Andrisi, pero recibió su Libreta de Servicio Militar color rosado con el nombre de Andrés y todos los honores de ley. Otra historia con los datos calculados y la vida verdadera.

A todas estas personas ya les tomaron sus huellas, pero por lo visto nunca les tomaron en serio como ciudadanos con derecho a participar en las decisiones públicas. No sé si estarán entre los 400 mil, pero sí los conocí y vi como les entregaron sus carnés y sus libretas de servicio militar. ¿De qué lado quedarse tras haber visto esta exclusión?

Por lo visto fue un mero slogan la frase « Tu huella, tu voto ». Estas personas tienen huella, pero no tienen voto. Dudaban de su certificado, entonces les pidieron sus huellas, ahora dudan de sus huellas. El Estado (léase los políticos con espíritu hitleriano) no certificaron su nacimiento, pero sí lo identificaron con un carné de identidad y una libreta de servicio militar, pero como no certificó su nacimiento, ahora se niega a certificar sus huellas, en definitiva le niega la vida, le condena a la muerte civil.

Pronto se preguntarán si tienen alma y le exigirán un certificado. Un papel vale más que la certificación de Dios, un papel vale más que la carne y los huesos. Un papel vale más que la vida misma. ¡Qué injusta la Ley que ningunea al ser humano, más injustos aún quienes la aplican!

* Periodista y docente de la UMSA

BOLPRESS, 26 de noviembre de 2009

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EXISTO, PERO NO PUEDO VOTAR

Posted in Política par colectivoboliviano sur 26 novembre, 2009


Tinku Verbal – Andrés Gómez Vela (Red Erbol)



Soy de carne y hueso, existo como Dios manda, pero no existo como elector para el ahora llamado Órgano Electoral Plurinacional (OEP). Es la frase que resume la realidad de 400.671 personas, que tienen huellas dactilares, pero no certificado de nacimiento. Dicho de otro modo, están ahí, pero son simples fantasmas para el OEP, que según la derecha “boicoteadora” de la participación ciudadana, había recuperado la credibilidad que nunca había perdido ante la mayoría de los bolivianos.

La decisión de la Corte subraya la gran diferencia entre hombre y ciudadano; entre ser humano y ciudadana. El hombre existe para Dios, el ser humano existe para la naturaleza, pero el ciudadano o la ciudadana no existe para el Estado, en este caso, no existe (o al menos está bajo sospecha) para el OEP. Y no existe porque el Estado no lo reconoció a través de un documento llamado certificado de nacimiento. En otras palabras no certificó que nació, no vio su nacimiento porque nació muy lejos de los hospitales, de las autoridades, de la burocracia, pero lo vio crecer, casarse, “servir a la patria” en el cuartel, trabajar en beneficio del país, le cobró impuestos, le aplicó sanciones.

¿Quiénes son estas personas que aún no son reconocidas como ciudadanos?

Las mujeres y los hombres que nacieron en hogares pobres y analfabetos que nunca conocieron al Estado y si, en algún momento, los visitó fue para otorgarles un carné de identidad solo con dos testigos que certificaron que nació en la comunidad y que existe.

Los hombres y las mujeres que nacieron en el área rural, que ni se enteraron de la existencia del Estado, porque éste nunca se manifestó y por tanto nunca le otorgó un certificado de nacimiento, pero sí lo maltrató.

Los hombres que, sin haber sido reconocidos por el Estado, fueron a reconocer y a servir al Estado, yendo al cuartel; a cambio le dieron una libreta de servicio militar para agradecerle por sus servicios y reconocerlo finalmente como ciudadano tras 18 años de existencia fantasmal.

Las mujeres que obtuvieron un certificado de nacimiento para casarse y luego cambiaron su nombre agregando la sílaba “de” entre dos apellidos. Por ejemplo, si su nombre de soltera era Francisca Calle Fernández y se casó con Valerio Condori Mamani, cambió su nombre -por el sentido de pertenencia y desconocimiento de la le- del siguiente modo: Francisco Calle de Condori. Con ese nombre obtuvo un carné de identidad y dio hijos a la Patria y ahora no existe para la OEP porque, según las leyes, basta una palabra para cambiar la identidad de una persona.

Los hombres y las mujeres que recibieron casi en el mediodía de su existencia la visita del Estado, que les otorgó el Registro Único Nacional (RUN) para reconocer su existencia y asistió con ese documento a inscribirse y ahora no existe otra vez para el Estado, en específico para los vocales de la OEP.

También están en este grupo los hombres y mujeres, en mínima cantidad, que intentan engañar la buena fé del Estado ya sea a través de doble identidad o alguna otra anomalía.

Y a todo esto, ¿quién es el Estado? En teoría, todos nosotros (la sociedad organizada), pero en la práctica, durante más de un siglo, fue una casta que gobernó el país y que ahora está desplazada del poder y hace mil peripecias lingüísticas para no ser marginada definitivamente.

¿Cuáles serán las consecuencias de esta hábil y sutil forma de marginar a los sempiternos excluidos del derecho a elegir su opción de futuro?

En lo natural, la verificación científica de que el ser humano es muy diferente del ciudadano, el primero existe sin permiso de nadie, el segundo existe con el permiso del Estado y éste existe gracias a la existencia del ser humano (paradoja histórica) a quien hoy mata su existencia.

En lo político, es una contradicción entre el derecho positivo y el derecho natural; el segundo reconoce su existe con todos sus derechos por el solo hecho de haber nacido vivo; y el primero reconoce su existencia sobre la base de leyes.

Lo más grave de toda este “apartheid electoral” es que el MAS, que por ahora es la esperanza precisamente de aquellos ninguneados por el Estado oligarca, perderá miles de votos, lo que significa que está en riesgo los dos tercios que pretende alcanzar justamente con todos los seres humanos que viven en el territorio boliviano.

Y si alcanzará esa aspiración electoral, es la excusa perfecta de la derecha para denunciar “padrón inflado”, “fraude”, “votos fantasmas” e intentar deslegitimar las elecciones para luego animarse a preparar un golpe de Estado al estilo de Honduras.

Esta es la muestra más clara de que la exclusión no ha acabado porque casi medio millón de personas no podrán participar en la decisión pública más importante de sus vidas: la elección del gobernante que administrará su futuro por los próximos cinco años. Sin embargo, desde la perspectiva dialéctica, es también la causa más clara para ratificar y cerrar filas en torno al proceso de cambio.