COLECTIVO BOLIVIANO CANADIENSE


Potosí I: fronteras superables

Posted in Política par colectivoboliviano sur 26 août, 2010


Xavier Albó *

Potosí mucho nos enseñó y confirmó. Daría para muchas columnas. Aquí me fijaré en el tema de las fronteras en conflicto. ¿Qué adjetivo añadirle: innecesarias?, bloqueadoras?, estúpidas?, matadoras? Pensando en la solución, me quedo con “superables”.

El contenido de estas páginas no refleja necesariamente la opinión de Bolpress.

Todo el lío de Potosí empezó por un conflicto de límites entre Coroma (Potosí) y Sivaruyo (Oruro), por el cerro Pahua, que es un almacén gigante de piedra caliza para cemento. Este pleito tiene raíces por lo menos coloniales, cuando el recurso apetecido eran simplemente terrenos de cultivo o pastoreo, como en tantos otros conflictos entre ayllus y comunidades. Ahora, con la caliza, el pleito se ha amplificado a los dos departamentos involucrados.

Límites indefinidos e incluso bien definidos si además albergan recursos apetecidos por ambas partes son un excelente caldo de cultivo para conflictos y ambiciones desde niveles locales hasta los internacionales.

En la historia local reciente dos provincias tarijeñas se pelearon por un pozo de petróleo y, obviamente, las regalías y pegas que pueda generar. En Inkawasi, entre los departamentos de Santa Cruz y Chuquisaca pasó, lo mismo. Y, a nivel internacional, nuestra guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay en 1932-35 fue por el petróleo; y antes la del Acre, por la goma 1899; y la del Pacífico por el salitre, cobre y otros minerales y de yapa, aunque no fuera el detonante, el mar.

Una buena delimitación siempre puede ayudar. Con las titulaciones de la Reforma Agraria de 1953 se minimizaron muchas guerras entre ayllus y comunidades a lo largo y ancho de los Andes. Los conflictos crónicos entre Laymis y Qaqachakas, también por sus territorios agropecuarios, se habían agravado por la falta de límites departamentales precisos desde la época colonial y parte de la solución (al menos de momento) ha sido realizar la delimitación pendiente con apoyo de las instancias correspondientes del Estado.

Se añade además la necesidad de una ley de límites, que ahora se está acelerando a propósito de este conflicto pero no sólo por ello. Limitándonos al nivel municipal, me cuentan los entendidos que han más pleitos pendientes que municipios, aunque muchos de ellos se mantengan latentes en un momento dado. Mejor así, pues, como dijo algún sabio, las normas se deben concertar en tiempos de paz para que se apliquen en tiempo de guerra.

Pero en esa ley y, en general, en el manejo de estos conflictos yo siempre añadiría un inciso que dijera algo así como: “cuando el conflicto de límites se amplifica por la existencia de un recurso importante para las partes contendientes, se priorizarán aquellas soluciones que mejor aseguren su aprovechamiento por ambas partes.

Así ocurre ya en casos de aguas binacionales, como en el Lago Titicaca y en tantos ríos fronterizos. Pero el principio podría generalizarse a otros casos.

Se acercan a ello soluciones salomónicas como la de este caso: una fábrica de cemento para cada departamento (¿y municipio?) implicado. O dos de cítricos en Caranavi y Alto Beni…

Podríamos dar aún otro paso cualitativo. Por ejemplo, lograr un proyecto común único y compartido. Debemos aprender a pasar de las sumas cero (1-1 = 0) a las combinaciones multiplicadoras: 1.1.1 = 5 o más.

* Antropólogo, lingüista y jesuita.

BOLPRESS,26 de agosto de 2010


BOLIVIA: LAS VENAS ABIERTAS DEL ESTADO

Posted in Política par colectivoboliviano sur 17 août, 2010

Por Rafael Bautista S.

El conflicto de Potosí expone a un Estado que se debate entre el modelo que adopta y el horizonte que promete. En esta ambivalencia se tropieza un Estado cuya dirección va perdiendo perspectiva y, en consecuencia, proyecto propio. ¿Por qué empiezan a acumularse contradicciones que se creían superadas? ¿Estaban realmente superadas, o era sólo una ilusión exitista del triunfo de diciembre? El gobierno había obtenido los dos tercios necesarios para constituir un nuevo Estado y darle a este proceso, no sólo continuidad, sino profundidad; el proceso de cambio parecía no sólo asegurado sino consolidado. Pero en las elecciones de gobernadores y alcaldes algo empezó a hacer aguas; Caranavi y la marcha indígena de la CIDOB mostraron que las aguas podían desbordarse y después, con Potosí, el desborde ya parece la amenaza constante. La inminencia del conflicto potosino podía haberse advertido y solucionado con un poco de lucidez histórica, pero lo que emana de ámbitos gubernamentales carece de aquello; si en tan poco tiempo no se aprende de los errores incurridos en Caranavi o con la CIDOB, es menos probable que haya siquiera perspicacia para atender demandas que tienen larga data.

Si el gobierno optó por un repliegue patológico, no es asunto de caracterología, sino discapacidad para transitar hacia un nuevo horizonte. Cuando el Estado pretende recomponerse según sus necesidades institucionales, hay que preguntarse si estas necesidades responden a las necesidades nacionales. Bolivia nunca consolidó Estado. Porque el modelo de Estado que persiguió fue siempre ajeno a su propia realidad. Ese Estado es llamado colonial porque nunca tuvo contenido nacional. Si la nación está al margen, el Estado no se consolida, porque la forma de su consolidación consiste en la anulación de su propia nación. Por eso el derecho que produce no congrega sino excluye. La misma exclusión es el eje de su composición estructural. Su sobrevivencia depende de la anulación constante que hace de su propia nación. Hasta el 52, eso constituye el carácter señorialista del Estado: la nación, los indios, aunque tributarios, no son nunca considerados pertenecientes. Después del 52, la inclusión tiene un precio: renunciar a lo que se es.

Lo campesino no es una mera denominación sino renunciar a lo que se es para ser tan ajeno como el modelo impuesto: el farmer. La reforma agraria produce la propiedad privada de la tierra; es decir, impone los valores moderno-burgueses. Abrazar estos valores significa renunciar a los valores propios: el campesino que accede a la ciudadanía aprende a negar a su comunidad. La nación se subsumía en un proyecto estatal que se imponía desde afuera: ser como lo estipula otro tiene su precio. El minifundio significó en definitiva la fragmentación de la comunidad, su destrucción. La sociedad moderna constituye un individuo sin comunidad. Las consecuencias son aciagas: el interés particular se excusa de todo interés común; para salir de la pobreza hay que trasladarla a los demás. La riqueza no se queda en el campo, la misma relación instrumental con la tierra empieza a destruirla, todos aspiran a vivir en la ciudad, a blanquear su condición. El ingreso en sociedad no es gratuito, cuesta la existencia; por eso se desprecia al campo y al indio que se trae dentro. El racismo es la carta de ciudadanía que naturaliza una condición colonial: se aspira a lo que no somos y se desprecia lo que somos.

Porque la sociedad está estructurada de modo racista, que se muestra en el desprecio que escupe el poder ante los subalternos. La clasificación social es previamente clasificación racial. Las instituciones modernas poseen este tipo de estructuración; por eso la composición social es colonial. También la estatal. La naturalización de la dominación estructura al Estado mismo. Por eso no es raro que, ante los conflictos actuales, la razón de Estado saque de sus baúles evocaciones señoriales: “no dialogo bajo presión”. El antecedente inmediato fue el conflicto con la marcha indígena. El Estado no baja de su estrado. El pueblo debe acudir como acudía el vasallo ante el rey. La soberbia exige humildad, porque ella misma no sabe serlo. La cuestión de la marcha era simple: ¿Cómo puede haber Estado plurinacional sin contenido plurinacional?

¿Puede el Estado, desde sí mismo, dotarse de ese contenido? La razón de Estado sólo sabe administrar lo homogéneo. Lo que hace a la forma estatal es la dominación; por eso su discurso es siempre nostálgico, evocando un paraíso perdido, donde no había diferencias ni contradicciones. De ese modo se estructura la lógica estatal moderno-colonial; por eso sus evocaciones son pura abstracciones, lo es su concepto de nación, de ciudadano, de sociedad, de futuro, etc. Hasta sus indicadores son abstractos, como el PIB (el mismo Stiglitz señala que los instrumentos de crecimiento sólo compensan a los gobiernos que aumentan la producción material y no el bienestar, el PIB no permite comparar adecuadamente el bienestar en los diferentes países). En última instancia, las referencias de un Estado colonial no son, ni su pueblo, ni las naciones que lo componen. Su modernización consiste en esto: en la renuncia a dotarse de un contenido propio.

¿Qué contradicción manifiesta el conflicto de Potosí? Este conflicto aparece en el marco de la promulgación de las llamadas leyes fundamentales del nuevo Estado, además del episodio cívico en torno a la remoción del alcalde potosino. El MAS había obtenido la mayor votación en Potosí, tanto para presidente como para gobernador (aunque en la alcaldía pierde inobjetablemente). Desde el gobierno la cosa parecía clara y ya lo venía sugiriendo el vicepresidente, con sus continuas alusiones a jacobinos y bolcheviques: la razón de Estado debía prevalecer ahora que se tenía hegemonía asegurada. Craso error. Porque el nuevo Estado no aparece por decreto, más aun si se trata de la descomposición del viejo y la constitución del nuevo. El paso del Estado colonial al Estado plurinacional no es automático y ni siquiera es el producto de nuevas leyes. Un Estado verdadero es la efectivización y la realización de la eticidad que nos presupone; es decir, la forma de vida que nos sostiene y da sentido a lo que, en definitiva, somos; tomar conciencia de lo que somos, para deducir de ello las normativas político-jurídicas que expresen, hagan posible y desarrollen nuestro modo de existir. A eso hemos llamado el “vivir bien”.

Que prevalezca la razón de Estado quiere decir: ante las contradicciones, el Estado mismo se presenta como la resolución de todas ellas; es decir, ya no resuelve las contradicciones, sino las anula. Por eso la violencia no es la negación del Estado de derecho moderno sino su fundamento; el Estado, por medio de la ley, naturaliza su violencia. Por ello se entiende la actitud soberbia y prepotente de algunos ministros; no se trata de una observación del carácter sino del modo como se recompone, bajo nuevas banderas, la razón de Estado. Entonces no hay descolonización, es decir, descomposición del Estado colonial; porque si el Estado (moderno-colonial) tiene un modo de recomponerse, es expropiando el ámbito de las decisiones, y esto es lo menos descolonizador que pueda haber. Tal vez por eso, el ministerio de autonomías aparece como un super ministerio y la descolonización estatal queda recluido a un oscuro viceministerio dependiente de un ministerio de cultura que hace gala de una desubicación total dentro de un Estado plurinacional (si hay un auténtico valor agregado nacional es el artístico, pero no existe una sola política de Estado que asegure y promueva lo que podría generar, no sólo ingresos, sino difusión cultural, para expandir la producción nacional).

La razón de Estado tiene sus propias prerrogativas y ellas conculcan lo que su autonomía no considera imprescindible. De este modo, encontramos que, una nueva reposición estatal, concibe un modelo que se adecúe a sus propias necesidades institucionales. Allí aparece el modelo autonómico. Y aparece también la contradicción: ¿es el Estado autonómico el Estado plurinacional? ¿Uno se deduce del otro? Las concesiones que se dieron a la derecha, cuando se abre la constitución de Oruro, resulta que no fueron tales; porque el sector negociador del gobierno tenía como perfil un modelo de Estado bastante similar a lo que imaginaba la derecha. Tenía que establecerse un suelo común de discusión y eso lo generó el modelo autonómico; porque, claro, del plurinacional se sabía bien poco. Los enunciados generaron sólo simpatías; no generaron horizonte político. Quienes debían haber estado incluidos en la negociación no lo estaban; así que la constitución quedaba diluida por la ausencia del sujeto constituyente. Por eso el gobierno no se identifica con la marcha de la CIDOB; porque había arrinconado lo plurinacional a mero apéndice retórico del nuevo discurso estatal.

Pero este discurso (el autonómico) no es tan nuevo; su modelo obligado es el español. Por eso, en realidad, no se trata de un nuevo modelo de Estado, sino de la performativización del Estado moderno-liberal; lo que, en nuestro caso significa, el Estado señorial o, más precisamente, el Estado colonial (y su continua paradoja: para ser libre adopta el modelo de su antiguo patrón). Si el Estado es el que pretende recomponer a la nación toda, entonces precisa de un modelo a seguir (el autonómico). Ya no se pregunta por el contenido que debe adoptar sino del modelo que debe imponer (su referencia ya no es su propia realidad sino el modelo que copia). Se recompone su lógica: él es el sujeto, el pueblo es el objeto. La lógica de dominación vuelve a anidar en nuevos actores; la reposición señorial despierta su condición naturalizada. Por eso decíamos, no se trata de carácter sino de la estructura propia del Estado colonial; la soberbia y la arrogancia no son episodios morales de algún ministro sino constituyen el modo de composición de la forma estatal (los ministros son la mera personificación de esta composición; a esto hay que agregar: si es el entorno el que encapsula al primer mandatario es, en definitiva, éste, quien consiente aquello). No se dialoga pero se esgrime el diálogo de modo hasta conmovedor. Y ambos lados proponen algo que desconocen por completo. Porque la razón estatal no se afinca sólo en el Estado sino en la sociedad que le corresponde.

Veamos más de cerca el conflicto. En primer lugar, si las demandas de Potosí son centenarias, como son todas las demandas nacionales, ¿por qué cobran ahora matices tan dramáticos? El robo chileno de las aguas del Silala nunca generó semejante movilización (curiosamente ausente en las principales demandas actuales) y, como sucedió con Caranavi, el sólo anuncio de crear una planta de cemento –entre Oruro y Potosí– activa una movilización que logra despertar toda la frustración que, no sólo guarda Potosí, sino el país entero. El afán de riqueza parece desunir más que unir. Si en la pobreza se puede ser digno, parece que la sola posibilidad de la riqueza genera ambiciones que despiertan entuertos. La ilusión aparece no para generar esperanza sino para originar hostilidad. Si la ruina de Potosí es lo que dejó la colonia, la historia toda de Bolivia es el testimonio de la ruina que deja la división internacional del trabajo. Las posiciones encontradas expresan una cultura política centenaria. Los cívicos lo expresan muy bien; pues, no en vano, son asiduos personajes en conflictos dramáticos (en Santa Cruz, Sucre, Cochabamba, etc.). Pareciera que necesitan del conflicto para legitimar su presencia porque, de lo contrario, es decir, sin conflicto, no tienen presencia alguna. Y a ello se suma, de modo comedido, la derecha más extremista (y también la izquierda); no sin cierto grado de despecho y resentimiento contra el actual gobierno, lo que atiza aun más los conflictos. Algo que los medios saben usar a su antojo. Por eso el diálogo es lo menos posible en medio de todo aquello.

Porque si el Estado colonial adolece de una vocación dialógica, también la sociedad reproduce este padecimiento. Lo cual genera una cultura: el boliviano cuando calla no otorga; se guarda todo hasta que estalla. Si nos hemos acostumbrado a gritar, es porque no hemos aprendido a dialogar. ¿Qué significa dialogar? No se puede dialogar sin escuchar. Siglos de impotencia no sosiegan con el tiempo. Por eso no se puede sólo escuchar lo que le conviene a uno; la grandeza, hay veces, consiste en escuchar precisamente lo que no nos conviene. La impotencia no tiene mejor terapia que el ser escuchada. Si bien puede ser cierto que muchos de los reclamos al gobierno eran inmerecidos, la actitud de los ministros tampoco era merecedora de aplauso. Si a cada reproche respondo con otro, entonces no hay diálogo, el diálogo se hace con argumentos; estos, más que demostrar, testimonian. Por eso en el diálogo (cuando es verdadero) se expone la persona toda. Por eso la comunicación no es simple comunicación sino expresión y, sobre todo, revelación. Pero si los actores no se disponen al diálogo, hay este otro aditamento que impide su realización: los medios de comunicación.

Ya es paradójica la situación actual: en la era de las comunicaciones, ésta es cada vez menos posible (como lo mostramos en nuestro más reciente libro: “La Masacre no será Transmitida: el papel de los medios en la masacre de Pando”); pero la paradoja no es accidental, sino que retrata a un nuevo poder que, descomponiendo las relaciones humanas, es como se recompone constantemente como poder. En los conflictos últimos y, sobre todo, en el de Potosí, esto ha quedado evidenciado de modo hasta grosero. Porque la capacidad, ya no sólo de manipulación, sino hasta de inflamación notoria de los conflictos, hace de los medios el peor escenario de encuentro. Los medios producen el desencuentro entre las partes porque estas, desgraciadamente, acuden a estos, de modo inevitable, como mediadores, siendo los peores.

Como nunca, los medios han venido destacando, de modo hasta insistente, los vicios gubernamentales, que permea además a todas las gestiones pasadas; antes no era conveniente mostrarlas, ahora sí (un ejemplo reciente: el anterior candidato a gobernador por La Paz es sentenciado mediáticamente, pero el ex presidente Paz Zamora no; los dos conducían en estado de ebriedad pero, claro, el primero es indio, el segundo no, con el agravante de que el último causa un fatal accidente). La insistencia tiene un propósito específico: la descalificación total de este gobierno. Los conflictos sirven de combustible para dirigir la opinión pública hacia la maldición total. Esto produce un desajuste moral, porque se trata de la invención de un monstruo y, lo que es peor, para vencer a este monstruo, los medios constituyen a su público en otro engendro. Por eso le inyectan a la protesta matices hasta insensatos (como en Santa Cruz o en Sucre). Ahora lo que realizan es más siniestro, pues usan la frustración como detonante de una explosión social. Potosí se bloqueó a sí misma. En semejante castigo propinado a sí mismo, es natural que la desesperación se haga más impotente. Este es el suelo que explica una adherencia casi absoluta. Hurgar en las fibras más íntimas, como lo que pasó en Sucre con la Asamblea Constituyente, además de una autoflagelación, eran el caldo propicio para suscitar lo que los medios buscan: la confrontación total.

El gobierno tampoco aprende. El 2002, el golpe a Chávez fue mediático, y desde el 2006, la asonada mediática en Bolivia no desiste de provocar escenarios adversos al gobierno. Frente a todo esto, ¿tiene el gobierno política comunicacional? No. Cree que sus spots le bastan; cuando estos no hacen más que alimentar a sus enemigos (como el pastor que, por cuidar su rebaño, sacrifica cada día una oveja a los lobos). Con todo el dinero que el gobierno coloca, en propaganda mediática, ya habría generado nuevas emisoras (radio y TV) alternativas, para hacerle frente al monopolio mediático privado. Para colmo, todo lo que hace bien lo hace para que nadie lo vea (sumado a esto la desidia de una prensa en franca aversión, pareciera que el gobierno no hace nada). Por eso, en Potosí, la pregunta favorita de los medios, incluido Erbol, era: ¿ahora qué opina de Evo? (porque la cosa era clara: a los medios no les interesa tanto el desprestigio de sus ministros sino del presidente mismo, este conflicto les sirvió para eso; con el aditamento siguiente: el propio presidente, por falta de iniciativa, se propina otra derrota, pues pierde un importante electorado, el potosino). El no tener política comunicacional conduce a actuar de modo defensivo, lo que hacen Bolivia TV y Patria Nueva, actuando más como voceros que como informadores. Si no hay estrategia comunicacional, todo se diluye en responder a lo que el otro dice y, como este sólo calumnia, entonces, ¿qué se puede esperar de la prensa estatal? El periodismo (con cada vez menos excepciones) es otro lastre del proceso; por eso sus favores son hasta desaires. No en vano sus figuras se la pasan rememorando epopeyas pasadas, porque del presente no saben decir nada.

Por eso los programas de análisis son huérfanos de reflexión. Porque este ámbito ha sido raptado por los periodistas, que creen que su contacto empírico con los hechos les faculta a opinar sobre todo. Aun las ciencias de la comunicación no se enteran del giro pragmático en las ciencias sociales; por eso hasta se eximen, arrogantes, de pronunciarse sobre la verdad de los hechos. Si el relativismo posmoderno (cuya caducidad ya tiene dos décadas) sobrevive todavía, es por la ignara formación de la prensa actual. El caso de “no mentiras”, de la red PAT, es patético; donde la mentira y la calumnia tienen consagrados todos sus absurdos. La estructura de estos programas (como en Panamericana) tiene un afán premeditado; para eso existe el monitoreo y las interrogantes fabricadas. Lo triste es cómo se cae en ese guión hasta por default. Las preguntas sólo buscan corroborar lo que ya está establecido: la posición del medio que, después de haberlo hecho circular entre los entrevistados, aparece como un hecho descubierto. Tales preguntas no preguntan sino afirman y hacen del elogio previo el campo para engatusar a alguien que certifique lo anticipado. Por eso se pasa de un tema a otro sin nunca ofrecer la verificación de algo. Para eso sirve la elegancia y los modales, para ocultar el cinismo. Es como llevar a un cristiano al circo romano. Allí sólo hay descuartizamiento público. Es decir, los únicos canales que encuentra este gobierno para dirigirse al país (porque el canal o la radio estatal están en otra o no están), son aquellos donde menos posibilidad hay para la mediación. Porque lo que hacen los medios es precisamente mediar; pero esa mediación no media nada sino interviene la mediación misma anulándola.

Pero, además de acciones premeditadas, se trata también de posicionamientos hasta emotivos, que hacen de la información un rosario de entuertos con una casi inexistente imparcialidad (como la corresponsal de radio Aclo, quien actuaba como portavoz del comité cívico potosinista, más que como periodista). Es preocupante cómo toda una red nacional, como Erbol, puede generar descreimiento por el actuar de una corresponsal (mientras por otros medios se conocía la llegada de nuevos ministros a Sucre a pedido de la dirigencia cívica de Potosí, la corresponsal, cubriendo la retirada de esta dirigencia de la ciudad de Sucre, obviaba toda referencia a la llegada de ministros y su dedicación exclusiva consistía en la repetida afirmación de que los cívicos de Potosí se iban porque nadie les había dicho si llegaban los ministros, cuando hasta en conferencia de prensa quedaba asegurada la presencia de estos en Sucre; parecía que el propósito no era informar sino hacer de la retirada espectáculo). Este tipo de incidentes se explican por el antecedente de Sucre. La prensa misma toma partido en el conflicto, no le queda otra; las redes corporativas abrazan casi todo cuando las fibras íntimas han sido tocadas. En Sucre fueron los medios los atizadores del conflicto, como también en Santa Cruz. Si estos se encuentran en medio de todo, entonces los conflictos seguirán un cúmulo de hogueras, cada vez más incendiarias.

La posibilidad misma de la comunicación se encuentra sitiada por la presencia mediática. ¿Por qué los analistas pintan un panorama sombrío del país? Porque su información proviene de los medios que los contratan. Su labor consiste en certificar la garantía del producto que los medios venden: la opinión. El público ya no opina, los medios realizan esa función y así controlan la interpretación de los hechos políticos. Por eso pueden hasta generar desestabilización. Por eso, mientras el dirigente cívico de Potosí anunciaba la conclusión satisfactoria de las mesas de negociación con el gobierno, ningún canal, salvo el estatal, emitía aquello. Parecía que la resolución del conflicto sólo era de interés del gobierno.

Si el conflicto es contra el gobierno, los medios se brindan como la mejor plataforma, de lo contrario, no existe el hecho (como aquel otro percance de Aerosur en el aeropuerto de El Alto, la semana pasada, que a nadie le interesó; ¿será que no hubo sangre?, ¿o será que no les conviene hacer mala propaganda a uno de sus clientes?). El conflicto de Potosí interesaba a los medios porque era un conflicto contra el gobierno. Por eso resulta curiosa la participación del cívico de Potosí frente al cívico de Oruro, en el programa de “no mentiras”. Mientras el último señalaba la no disposición a ceder algo de los límites  departamentales orureños, el primero, curiosamente conciliador, apaciguaba todo, señalando que el conflicto no era con Oruro; cuando hasta el más ingenuo se daba cuenta que el asunto de límites no podía no conflictuar la relación con el vecino departamento. La pregunta obvia era: si el problema no era con Oruro, que era el inmediato afectado, ¿con quién era entonces? La respuesta también era obvia: el conflicto era contra el gobierno.

Y aquí es donde el gobierno se aplaza por doble partida. Primero, por no saber impedir que el conflicto crezca. Segundo, por coadyuvar a su inflamación; acusando al movimiento potosino de político, lo inflamó (aunque lo hubiese sido, la condena no ayudada a la solución de conflicto). Como en Caranavi, la solución no era tan inadmisible, ahora ambos departamentos tendrán una planta de cemento; y el asunto de límites es algo que necesariamente deberán consensuar entre partes. Allí también el gobierno pierde, porque de poder haber sido mediador, ahora, en lo sucesivo, aparece como estorbo en ese tipo de asuntos. No hay, al parecer, una cultura de la mediación, porque hasta el “defensor del pueblo” juega un papel hasta ornamental en todo esto; esperando obtener algún permiso (no se sabe de quién) para mediar, cuando es la instancia que debería tomar la iniciativa en este tipo de conflictos.

Volviendo al asunto de fondo. El sector intelectual del gobierno parece que persigue un proyecto propio: el Estado autonómico. A éste pretende subsumir el Estado plurinacional. Por eso la lógica estatal no sufre transformación alguna. Lo que persiguen es una simple reforma estatal. Se abre, lo que llamaba Zavaleta, otro ciclo estatal, del mismo Estado que se quería transformar; la reposición del Estado señorial. Otra vez al margen de las naciones y, en consecuencia, al margen de un proyecto verdaderamente nacional. Repartir funciones no es democratizar el poder. Si la autonomía privilegia los ámbitos municipales y las gobernaciones, entonces estamos en la continuación del modelo neoliberal de “participación popular”. Si el miedo consiste en la desagregación, ¿por qué aparece una nueva concentración de las funciones en los ámbitos donde precisamente anidaron las tendencias separatistas, como fueron las prefecturas, ahora gobernaciones? El gobierno cree que cooptándolas asegura la unidad, cuando no se da cuenta que la propia lógica en la cual se desenvuelven ahora, posibilita nuevas concentraciones de poder (por eso la ley electoral no transforma nada sustancial).

El presidente constantemente afirma que somos ahora independientes porque ya no nos sometemos a los organismos internacionales, cuando tampoco se da cuenta que las lógicas institucionales de dependencia permanecen inalterables todavía. Un país no es nunca independiente del todo; es independiente en la medida en que toma conciencia del grado de dependencia que tiene. En la medida en que es consciente de los móviles de su dependencia real, es que puede superarlas paulatinamente. La inconsciencia genera ceguera de horizonte; y es algo que empieza a aparecer en los estrategas gubernamentales. Hay que aprender de Irán, que está dando muestras de sabiduría diplomática al mundo (sería interesante tomar nota de algo: entre los estrategas y asesores de Ahmadinejad se encuentran ayatolas y ulemas; no sería nada malo contar, en nuestro país, con amautas y chamanes, para paliar por lo menos la insulsa presencia de vetustos izquierdistas en funciones de asesoramiento).

Este proceso no descansa en proyectos imaginados por una izquierda eurocéntrica, carente de identidad. Lo novedoso de este proceso es su carácter propio, que emana como alternativa ante la desintegración civilizatoria del mundo moderno-occidental, que está llevando al planeta todo al suicidio colectivo. El último informe de la ONU ya establece que el 1% rico del planeta posee el 40% de la riqueza global. En eso consistía la globalización: en expandir el mercado total a costa de la humanidad y del planeta. Por eso el brazo armado de esta expansión, la administración gringa, juega sus últimas cartas, todas peligrosas, ante la inminencia de sus fracturas geopolíticas y geoeconómicas. La generación de conflictos regionales son parte de su agenda latinoamericana. Por eso no podía no haber conflictos en esta segunda gestión; si las voces de federalismo ahora cunden donde no debiera, algo sucede que precisa un conjunto de estrategias gubernamentales que no consisten en la descalificación apresurada de toda protesta, sino en la prevención de éstas.

Porque puede cundir la insensatez, como aquello de ondear la bandera chilena en Potosí (cuando la protesta degenera minando hasta la integridad nacional, se precisa de serenidad mediadora; en la cual deberíamos participar todos –al margen de los medios–; porque la ventaja que tiene los insensatos es que, si se efectúa lo que desean, no habrá nadie con vida para demostrarles su error). Los problemas que aparecen no aparecen porque son de ahora; aparecen porque nunca fueron resueltos, porque fueron siempre encubiertos. Incluso, que aparezcan a luz pública, los excesos del poder es bueno, para así generar la conciencia de acabar con ese conjunto de prácticas que heredamos como cultura política. Estamos en proceso. Nadie nos dijo que todo iba a cambiar de modo inmediato. Es más, debíamos comprender que, cuantas más grandes son las ambiciones, mayores iban a ser los desafíos.

Ahora, por vez primera, aparece la posibilidad de un proyecto de nación que no niegue el contendido plurinacional y comunitario que nos sostiene como historia. Nuestra proyección del sentido de vida común es singular, pero su contenido es plural. Porque la estructura de la vida es así. Lo común no es lo homogéneo. Lo igual genera repetición, no unidad; la unidad es algo que se produce y lo produce lo que no es igual: no se es diverso en contra de lo común; se es diverso porque sólo lo que diverge converge. El Estado moderno liberal es la negación de esto; por eso se constituye por homogeneización y pretende unificar al todo en una falsa homologación: Estado=nación. La nación no es algo dado, no es un modelo prescrito que se deba de seguir. La nación es un proyecto político. El grado de concurrencia determina el grado de legitimidad que posea ese proyecto.

El Estado colonial tiende siempre a la legitimidad nula; por eso se ampara en los poderes foráneos y en el capital foráneo; por eso tramita sus funciones como simples administrativas. Un verdadero Estado no sólo gestiona; si un Estado independiente es esencialmente político, lo es porque lo que expresa, contiene y desarrolla es la forma de vida que le sostiene. Y si los sectores dirigenciales son quienes no se encuentran a la altura de este proceso, no por ello fracasan los propósitos originales. También el pueblo debe aprender a caminar el proceso que ha iniciado. No se trata de asaltar el poder sino de transformarlo. Quienes desean asaltarlo son quienes replican sus vicios porque tienen, en definitiva, una pretensión de dominio; por eso no conciben otro proyecto que modernizarnos, porque una vez instaurados en el poder lo que buscan es imponerse y dominar.

Transformar el poder significa transformar la política; hacer de ésta un servicio comunitario: mandar obedeciendo, servir como modelo de vida. La marcha de la CIDOB nos llamó la atención. Los pueblos de tierras bajas nos están enseñando el camino. Será porque la conciencia moderna no empañó del todo su horizonte de vida. Si cocaleros y campesinos estaban dispuestos a enfrentarse a la CIDOB, con la venia de algunos personeros gubernamentales, ello nos motiva a dirigir ahora la crítica a estos sectores. El tufo de diciembre sigue con sus estertores; la resaca no es sólo de un senador del MAS, es de varios personeros gubernamentales que no tienen idea de qué es lo que está en juego, y despotrican contra algo que no achuntan, porque más parecen los delirios de quien sufre todavía los efectos de su propia infatuación.

La Paz, Bolivia, 15 de agosto de 2010
Rafael Bautista S.
Autor de “PENSAR BOLIVIA: DEL ESTADO COLONIAL AL ESTADO PLURINACIONAL”
rincón ediciones
rafaelcorso@yahoo.com

Evo gira al “centro”, concilia con los empresarios y llama a la alianza de clases

Posted in Política par colectivoboliviano sur 9 août, 2010

El segundo gobierno del MAS se acercará a la burguesía nacional y al “modelo productivo” cruceño

Redacción Bolpress

Después de cuatro años como Presidente del Estado colonial y seis meses de gestión en el Estado Plurinacional, debo reconocer muy sinceramente ante ustedes y ante el pueblo boliviano que todavía tenemos debilidades estructurales como gobierno y como Estado en la lucha contra el contrabando y el narcotráfico y en la ejecución de la inversión, confesó el Presidente Evo Morales en la sesión de la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) instalada en el salón Chiquitano de la Expocruz de la ciudad de Santa Cruz para conmemorar el 185 aniversario patrio.

Por primera vez en la historia el Congreso rindió homenaje a Bolivia en sesión de honor en la ciudad de Santa Cruz, hasta hace poco la capital política de la oposición derechista que intentó derrocar a Evo Morales en 2008 y 2009.

Los autonomistas cruceños nunca invitaron a un acto público en la capital cruceña al Mandatario en sus primeros cuatro años de gobierno; este viernes Morales, el Vicepresidente Álvaro García Linera, el gobernador de Santa Cruz Rubén Costas y el alcalde Percy Fernández izaron juntos la bandera nacional.

Morales agradeció al gobernador y al alcalde de Santa Cruz por “permitirnos la presencia de nuestros ministros en una sesión de la ALP para rendir homenaje a la Patria”. Fue inédita su predisposición y su manifiesta voluntad de tender lazos con la poderosa burguesía del oriente. Políticos de oposición, analistas, comentaristas y varios periodistas coincidieron en que el mensaje de Evo fue el más cauto, conciliador y autocrítico de todo su gobierno.

Morales expresó “con mucha sinceridad, sin consultarle al gabinete, al vicepresidente ni a los militantes del MAS”, que está profundamente preocupado por el contrabando, el narcotráfico y la inversión, las mayores debilidades de su gobierno y del propio Estado.

Morales dijo que el narcotráfico y el contrabando lamentablemente son problemas estructurales, ocasionados en parte “por la ambición y la mentalidad de algunos dirigentes de movimientos sociales y de algunos dirigentes de regiones y de sectores de seguir exprimiendo al Estado”. La actividad ilegal del contrabando pareciera que usa a las fuerzas sociales para defenderse, lamentó.

“El narcotráfico no es el pisacoca ni el productor de coca, sino las redes internacionales que están más equipadas y tienen más tecnología que el Estado Plurinacional. El origen sigue siendo el mercado, la demanda de cocaína, el consumo de drogas; eso no es responsabilidad exclusiva del Estado Plurinacional ni del pueblo boliviano, ahí sí queremos la corresponsabilidad compartida con la comunidad internacional”.

Otra gran debilidad reconocida por Evo: “El país todavía depende de los recursos naturales y está siendo difícil la industrialización. Somos exportadores de materias primas, sean minerales metálicos y no metálicos, o hidrocarburos, especialmente el gas. Industrializar respetando los derechos de la Madre Tierra será el nuevo desafío de Bolivia para que no solamente dependa de minerales o del gas”.

Morales admitió fallas en la ejecución de la inversión, “que no es culpa ni de alcaldes ni de gobernadores o por la negligencia de nuestros ministros y autoridades”. En su criterio, el permanente cambio de autoridades perjudica mucho; “cuando hay una nueva autoridad tiene que organizarse, es pérdida de tiempo y lamentablemente a veces tiene que enfrentar el cuoteo de sus partidos, agrupaciones y de dirigentes sindicales”.

Morales propone un pacto a la burguesía nacional

Después de la fundación en 1825 se consolidó una República “supuestamente independiente”, pero que no liberó verdaderamente a los pueblos. Ahora iniciamos la tercera fase del proceso constituyente con la implementación de la primera Constitución aprobada mediante el voto del pueblo y comenzamos a construir el Estado Plurinacional con autonomía regional, describió Morales.

“Pasamos de la confrontación a la integración y para eso estamos obligados a construir confianza entre autoridades, presidente y gobernadores, presidente y alcaldes, presidente con movimientos sociales… para acelerar las transformaciones”. Según el Presidente, es normal que haya diferencias políticas, son parte de la democracia… (y pese a las diferencias políticas) hemos consensuado un 97 por ciento de la Ley Marco de Autonomías”.

El Mandatario se regocijó al ver en el auditorio congresal “a muchos compañeros de corbata, sin corbata, pelo originario, pero gringo, algunas compañeras un poco pintaditas, eso también es parte de la cultura y de la democracia… Pero lo más importante de la refundación es unirnos entre originarios, obreros, milenarios, contemporáneos y parlamentarios de distintos sectores y regiones con mucho conocimiento intelectual y profesional, y dedicarnos a cambiar Bolivia”. Recordó que no es la primera vez que el pueblo boliviano lucha por un objetivo común. “Antes la unidad de originarios, mestizos y hasta de criollos dio vida a la nueva Patria”.

Morales dio a entender que en su segundo gobierno nacionalista de « centro » luchará por la igualdad social, aunque “no siempre habrá igualdad por igualdad ». Reiteró que respetará las casas, autos y todo tipo de propiedad, sobre todo las inversiones privadas, porque “cuando hay inversiónde verdad hay crecimiento económico, y cuando hay crecimiento económico hay mercado interno, hay movimiento económico y se mejora la economía nacional”.

Morales preferiría que los empresarios privados bolivianos sean socios del Estado en la industrialización de recursos naturales. “Imagínense todas las estructuras del Estado Plurinacional con sus empresarios socios industrializando nuestros recursos naturales, hierro en la provincia Germán Busch, litio en Potosí y Oruro, petroquímica en Tarija, Santa Cruz y Cochabamba…”.

Evo cuestionó: “Hasta cuándo voy a seguir buscando plata de la CAF, del BID, de otros organismos internacionales, a veces de Brasil y Venezuela, si nosotros podemos financiar nuestros grandes proyectos. Con nuestros recursos económicos podemos financiarnos la integración caminera en vez de apalancar créditos internacionales y creo que estamos muy cerca de eso”.

Legisladores de la oposición y autoridades de la gobernación cruceña valoraron el “esperanzador” mensaje del Presidente. Según la senadora Centa Reck, Evo se dio cuenta de que ya no puede apostar por la violencia con discursos incendiarios. “Le tomamos la palabra al Presidente que dijo que es el momento dela reconciliación y queremos ver acciones”, dijo el senador Roger Pinto.

Para el senador Germán Antelo “fue un mensaje conciliador con reconocimiento de errores y habló de que se acabe la confrontación y comience la etapa de la integración, espero que esa sea la línea”. Según el secretario de la gobernación cruceña Oscar Ortiz, es “esperanzador y positivo” que el Presidente reconozca que el modelo productivo de Santa Cruz como un ejemplo de progreso.

Morales consideró que se necesita mayor inversión en el sector agropecuario, con prioridad en el pequeño y mediano, pero también en los grandes sectores productivos: « Saludo las propuestas de ANAPO, CAO y CAINCO, bienvenidas sus recomendaciones para trabajar con ellos y garantizar la seguridad con soberanía alimentaria, y poder exportary generar divisas para el pueblo boliviano”.

BOLPRESS, 7 de agosto de 2010

Manifiesto de los ex presos y perseguidos políticos de las dictaduras fascistas

Posted in DERECHOS HUMANOS,JUSTICIA,Política par colectivoboliviano sur 3 août, 2010
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Se viene orquestando la realización de uno de los atentados más nefastos e infames contra la memoria histórica del pueblo boliviano y sus masas trabajadoras revolucionarias y anti-fascistas: ¡En Bolivia no habría existido un ciclo de dictaduras militares fascistas!

El gobierno del c. Evo Morales, mediante su Ministerio de “Justicia”, viene cometiendo uno de los errores mayúsculos que puede manchar definitivamente todo el presente proceso de cambio que ha surgido precisamente por el sacrificio y la lucha heroica de miles de revolucionarios bolivianos que por más de medio siglo combatieron contra el MNR, las dictaduras militares y el neoliberalismo.

Burlándose sangrientamente de miles y miles de perseguidos, encarcelados, torturados y exiliados políticos, el Ministerio de “Justicia” a cargo de abogadillos imberbes, tinterillos desmemoriados e ignorantes, ha emitido miles de “resoluciones” infamantes en las que descalifican totalmente nuestras pruebas fehacientes de prisión, persecución, tortura y exilio, delitos que se cometieron por parte del Estado oligárquico en las dictaduras más oprobiosas de toda la historia de Bolivia.

El proceso de la llamada “evaluación y calificación” estuvo caracterizado por una irresponsabilidad imperdonable y sin límites. Se procedió con la exigencia de presentar pruebas que eran imposible conseguirlas, se negó en forma arbitraria todo indicio conducente a probar las causales de resarcimiento. En fin se cometieron incontables errores de apreciación que dieron como resultado la DESCALIFICACIÓN DE SEIS MIL PRESOS, PERSEGUIDOS, TORTURADOS Y EXILIADOS en las más sangrientas de las dictaduras de la llamada «Doctrina de la Seguridad Nacional» y la famosa y muy conocida «Operación Cóndor» que coordinaba a nivel sub-regional del Cono Sur la actividad terrorista de los gobiernos militares de Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, Paraguay y Bolivia, hechos y fenómenos que, indudablemente no conocen ni por el forro nuestros eventuales evaluadores.

Se ha concluido con la facción de una ridícula lista de unas 200 personas que presumiblemente habrían cumplido todos los requisitos exigidos por la Ley, sus modificaciones y sus reglamentos. Es pues urgente que se conozcan los nombres de esos “privilegiados” que habrían tenido la capacidad de derrocar una dictadura fascista.

Las diversas resoluciones de descalificación de seis mil solicitantes constituyen una “prueba” para que la derecha fascista NIEGUE la existencia de dictaduras fascistas y militares en Bolivia. Según las conclusiones que se pueden extraer, todos los testimonios de prisión por largos años, las persecuciones sañudas proclamadas públicamente por las dictaduras, las torturas inhumanas practicadas con presos ancianos, mujeres y niños, así como los larguísimos exilios, constituyen un “INVENTO” de los solicitantes.

Señores del Gobierno:

¡No vamos a tolerar semejante infamia! ¡No vamos a tolerar que se nos llame impostores!

Los evaluadores deberán obligatoriamente iniciar los procesos penales que corresponden, pues según sus conclusiones nuestras pruebas son “falsas”. (D. S. 28015 de 22 de febrero de 2005. Artículo 7, inciso f)

En nombre de todos los ex-presos, perseguidos, torturados y exiliados políticos por parte de las dictaduras militares fascistas, tenemos a bien dirigirnos a la opinión pública nacional a través de este manifiesto para expresar nuestra profunda preocupación en cuanto se refiere al incumplimiento de la Ley de la República No. 2640 de 11 de marzo de 2004 y su Decreto Reglamentario No. 28015 de 22 de febrero de 2005.

Nuestras organizaciones recuerdan cada 4 de noviembre, cada 17 de julio y cada 21 de agosto como aniversarios de las asonadas fascistas protagonizadas por los dictadores René Barrientos, Hugo Bánzer Suárez y Luís García Meza así como su máximo operador y lugarteniente Luís Arce Gómez, que sumieron al pueblo boliviano en un mar de sangre en cada una de esas fechas memorables de resistencia popular y masacres genocidas.

Barrientos se encarnizó con los mineros en Huanuni, Catavi y Siglo XX, la noche de San Juan; Bánzer, inauguró los campos de concentración famosos por sus aberraciones inhumanas como Chonchocoro, Viacha. Achocalla, Madidi, Coati, etc.; García Meza, asaltando violentamente la sede de la Central Obrera Boliviana donde fueron asesinados cobardemente los patriotas Marcelo Quiroga Santa Cruz, Carlos Flores Bedregal y Gualberto Vega Yapura (uno de los DESCALIFICADOS), asaltando igualmente el Palacio de Gobierno y apresando a la Presidente Lidia Gueiler y su gabinete, cometiendo toda una serie de asesinatos y violaciones múltiples a los derechos humanos.

Todo el llamado ciclo militar que se inaugura con el golpe del 4 de noviembre de 1964, por parte de René Barrientos Ortuño, continúa con Bánzer Suárez y culmina con García Mesa, constituyó un verdadero manto negro de luto que cubrió la vida y la existencia del pueblo boliviano. Fueron 18 años de resistencia heroica del pueblo y sus organizaciones políticas y sindicales las que representadas por los actuales peticionarios, combatieron en condiciones sumamente difíciles la arremetida genocida del fascismo.

Las generaciones jóvenes no conocen la historia porque el neoliberalismo, que se apoderó de una democracia por la que jamás luchó y por el contrario fue cómplice de las dictaduras, sometió a los pueblos a una amnesia provocada por sus medios de comunicación corruptos que no hacen otra cosa que tergiversar la historia y hacer pasar los crímenes de las dictaduras como virtudes democráticas. Así transformaron a un dictador asesino en “demócrata” en el caso de Bánzer Suárez. Nos corresponde pues recordar a los “olvidadizos” que la democracia relativa que se abre trabajosamente por obra de los movimientos sociales revolucionarios tuvo como antecedente inmediato nuestra lucha sacrificada y victoriosa en los años terribles de la represión, el asesinato y la persecución sañuda.

La “democracia” del neoliberalismo que duró 15 largos años, significó desocupación, despidos, relocalizaciones, privatizaciones, capitalizaciones y otros atentados contra la Patria y los derechos de los pueblos y las clases oprimidas. También enfrentamos a esos enemigos de clase y junto con las nuevas generaciones derrotamos a sus expresiones políticas como el MNR en el recordado y glorioso octubre-17 de 2003. Sus protagonistas principales recibieron justamente el reconocimiento oficial y el resarcimiento por los daños sufridos. Del mismo modo, nosotros los reprimidos de las dictaduras fascistas militares exigimos igual trato.

Hay quiénes piensan que la historia de Bolivia comienza en el 2005 cuando resultó victorioso en la urnas el c. Evo Morales y su organización el MAS. No es así, la lucha es milenaria, comenzó con las insurrecciones indígenas del siglo XVIII, las luchas de independencia que le siguieron en el siglo XIX, las luchas republicanas anti-oligárquicas, etc., que constituyen la historia larga, después viene la historia media que comprende precisamente nuestras luchas sagradas del siglo XX y finalmente la historia corta que comienza con el nuevo siglo y que nos tiene otra vez como protagonistas pero sin tener la oportunidad verdadera de contribuir a su profundización y su victoria definitiva.

En nombre de los militantes políticos conocidos, perseguidos desde hacen por lo menos 40 años, encarcelados, desterrados, confinados, torturados, exiliados y finalmente asesinados o desaparecidos por las dictaduras, exigimos la nulidad completa del falso proceso de evaluación, desconocemos la validez de la Comisión Evaluadora y que se disponga la investigación en aquellos casos en los que la duda sea razonable.

Finalmente, nos dirigimos a la opinión nacional, a las nuevas generaciones, a aquellos que no tienen idea de lo que significa enfrentar y vivir los largos años de dictadura militar-fascista, a fin de que tomen conciencia y apoyen aunque sea moralmente nuestros justos pedidos que como hemos explicado ya han sido reconocidos por una Ley del Estado y sus reglamentos, que sin embargo no podemos lograr su cumplimiento verdadero.

La información que se ha hecho pública por parte de la escolina Ministra de “Justicia”, Nilda Copa, expresa que el proceso de evaluación ya ha concluido y que en octubre se “cancelará” la indemnización a los 200 privilegiados.

Es preciso que esas “autoridades” sin ningún mérito, sepan que ese octubre verá a miles de revolucionarios víctimas de la violencia política llenar la Asamblea Plurinacional impidiendo que se consuma el atentado criminal contra la historia revolucionaria de Bolivia.

Estamos comprometidos con el proceso de transformaciones profundas que han conseguido las clases y las naciones oprimidas, nos sentimos legítimamente parte integrante de esos grandes esfuerzos y no por oportunismo que se manifiesta en algunos “masistas” de última hora, sino por convicción profunda en el triunfo de las aspiraciones históricas del pueblo boliviano.

La Paz, Bolivia, Julio 30 de 2010.

BOLPRESS, 30 de julio de 2010