COLECTIVO BOLIVIANO CANADIENSE


A propósito de un estruendoso silencio

Posted in Medios de comunicación,Racismo par colectivoboliviano sur 12 octobre, 2010
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Soledad Antelo


Julio Aliaga –ése el nombre que figura como remitente– ha bombardeado varios correos electrónicos invitando a la ciudadanía a aprovechar una sugestiva fecha, el diez del diez del diez, nada menos que a las diez de la noche, para expresar con petardos y estruendos el rechazo a la que hoy denominan comedidamente los medios como “ley mordaza”. A este sui generis modo de protestar, dado que toda la prensa ya habría sido acallada por el masismo totalitario, se ha sumado entusiasta y coquetamente, desde Toronto y blackberry en mano, la otrora diputada Ericka Brockmann.
Cuando más o menos a la hora indicada del día señalado, pillé a mi vecino preparando unos fueguitos pirotécnicos, fruncí el ceño y pensé que la convocatoria tendría más adeptos que lo imaginado; que había que prepararse para una explosión a manera de año nuevo, con luces adornando el cielo clamando “libertad de expresión”. Había olvidado la pasión de Choquito del lado. Cuando le pregunté, él no tenía siquiera idea de qué era lo que los medios reclamaban, pero sí estaba seguro que otros muchos orientistas festejarían junto a él y a su estilo, un nuevo triunfo “que nos coloca ahisingo de la punta, pa´darnos un nuevo título”. Uff, respiré aliviada. “Es que volvió a ganar Orientísimo”, me dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
Hoy leo la prensa y, por las repercusiones, la llamada de la selva ha caído en saco roto. Al menos, ninguno de los periódicos que tanta alharaca hacen por cualquier motivo que afecte al gobierno y a este proceso de cambio, ha dado cuenta de una explosión popular en contra de los dos artículos de la Ley contra el racismo y la discriminación.
Más show se ha hecho en el poblao por el ingreso de Pedrito Rivera a la huelga de hambre que protagonizan algunos periodistas. No son todos, pero de ello la prensa a la que dicen defender como causa sagrada, no informa ni avisa. Que silenciar la noticia de que un sindicato de trabajadores de la prensa en otro departamento diera su explícito apoyo a la ley que hoy mortifica a los poderosos dueños de medios, es buena prueba de que, igual que igual, la mentada libertad de expresión es, en realidad, la libertad de manipular la información de la mejor manera, para defender sacrosantos intereses y nada más.
Pena me ha dado ver a don Pedrito en esas andanzas; aunque tío Arnoldo, con su habitual humor, me ha dicho que más que a convicciones ideológicas, tal paso respondería a la recomendación del geriatra, que lo habría encontrado con el colesterol alto. Y pena me ha dado, porque no ha mucho, recordábamos en familia los denuestos a los que fue sometido el Director del Diario Mayor de Santa Cruz cuando, en otros tiempos, osó oponerse a las logias y denunció valientemente las andanzas de los dueños de COTAS.
¿Nombres? Por si los olvidaron, les recuerdo algunos. Los hermanos Limpias, que no hacían honor al apellido porque ensuciaban el micrófono en cada frase, le dieron con todo. Insultos irreproducibles, mentadas de madre, calificado de colla maricón y otras tantas “libertades de expresión”, fueron parte del fuego con que arremetieron contra don Pedro. Los hermanos Mendivil compitieron con Yoyo Pando en quién profería mayores groserías. Que recuerde, la Asociación Nacional de Prensa nada dijo ni nada hizo; o si dijo e hizo, fue tanto como prender un semáforo verde para que continuase esta execrable práctica de la “libertad de prensa”.
Y es que hay colegas que no quieren entender que el país cambia. Y que los cambios son para bien. En el caso específico, el racismo es hoy ya no sólo una opción censurable, sino un delito. Así como se lee: un delito como robar, violar, matar. Y como tal, debe tener un castigo. Por ello, mal hacen los periodistas en aislarse del debate necesario para reglamentar una ley que, por primera vez y para orgullo del país, sanciona a quienes la violenten haciendo gala de malacrianza y discriminación.
Detrás del griterío de cierta prensa, que no es toda para suerte nuestra, lo que se esconde es un pretexto de una oposición rabiosa que no sabe de qué asirse para continuar con vida. Meditando mi equivocada preocupación con el Choquito, caigo en cuenta que, hasta en el fútbol y a nivel internacional, el racismo está penalizado. Expulsión a quien profiera palabras hirientes sobre el color de la piel de otro jugador.
¿Aprenderemos? Mejor por las buenas, aunque por las peores también se asimila…

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